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La influenza equina es comúnmente conocida como gripe equina, a pesar de ser muy contagiosa, raramente produce la muerte del animal infectado.

¿Qué es la influenza equina?

La influenza equina es una enfermedad vírica muy contagiosa que afecta a las vías respiratorias altas de los caballos.

Al ser una enfermedad altamente contagiosa, en España es de declaración obligatoria y se debe notificar a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE).

Características y síntomas clínicos de la enfermedad

La influenza o gripe equina afecta a asnos, mulos, caballo y otros équidos. En España no está considerada como zoonosis.

Esta enfermedad está provocada por los subtipos H7N7 y H3N8 del virus de la influenza A que pertenecen a la familia Ortomixoviridae.

Su característica principal es su alta tasa de contagio, que se produce a través de secreciones respiratorias, pudiendo contagiarse incluso antes de que un ejemplar muestre sintomatología clínica.

También puede ser transmitida mediante el contacto, debiéndose tener especial cuidado cuando el personal atiende a un ejemplar infectado ya que en la ropa o material se puede transportar el virus e infectar a équidos sanos.

La concentración de animales y su transporte favorece notablemente la transmisión de dicha enfermedad. Tiene un periodo de incubación de 1 a 3 días y una vez que se manifiesta en una zona puede producir brotes virulentos en toda la población susceptible a contagio.

En cuanto a los síntomas clínicos de la influenza equina, esta se presenta en primer lugar con:

  • Infección en el tracto respiratorio superior
  • Fiebre de corta duración
  • Tos seca y dolorosa
  • Conjuntivitis en algunos casos
  • Descarga nasal

De forma secundaria, el équido también puede presentar decaimiento, pérdida del apetito, debilidad e incluso dolores musculares.

La sintomatología cede a los pocos días, recuperándose la mayoría de los animales afectados en aproximadamente 15 días, aunque algunos caballos pueden llegar a tardar hasta 6 meses en recuperar su capacidad física al completo.

La influenza equina se puede complicar con otras infecciones bacterianas secundarias como pueden ser bronconeumonías, pleuritis, miocarditis o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Diagnóstico de la gripe equina

El diagnóstico de la gripe equina se realiza mediante pruebas serológicas o aislamiento viral y debe estar realizado por un profesional veterinario especializado.

Para el control y la prevención de dicha enfermedad los équidos son vacunados pero dicha vacuna no siempre protege contra el virus dada la variabilidad de las cepas, aunque sí puede reducir su virulencia haciendo que su afección sea más débil en el animal, y disminuyendo también el tiempo de recuperación.

Como la mayoría de enfermedades de origen vírico o bacteriano, la limpieza y desinfección resulta fundamental a la hora de prevenir la influenza equina. Desinfectantes viricidas comunes como Sanitas Forte Vet o Sanitas Procsan, cuya composición actúa con virus incluso no encapsulados.  

La gripe equina es una enfermedad que, en caso de manifestarse, se debe comunicar obligatoriamente en base al Real Decreto 526/2014 de 20 de junio y se debe dar parte de forma semestral del estado de los ejemplares infectados.

Historia y evolución de la influenza equina

virus de influenza equina

La influenza o gripe equina fue confirmada en Europa por primera vez en 1956 cuando a raíz de un brote epidémico en Europa oriental se aisló un orthomixovirus obtenido de muestras de secreciones nasales que fue caracterizado como H1N1.

Entre 1962 y 1963 se detectaron brotes de una enfermedad respiratoria aguda en equinos en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, EE.UU y Uruguay.

En 1963 se aisló en subtipo H3N8 en Miami, donde llegó a causa de la importación de caballos desde Argentina.

En Centroamérica, está considerada como una enfermedad de carácter enzoótico, presentándose en noviembre de 1975 en Guatemala un brote de grandes proporciones, identificándose por primera vez el virus de Influenza A – Equi 2.

A excepción de Australia donde fue detectado un brote en 2007, Nueva Zelanda e Islandia, la influenza equina se encuentra en todo el mundo.

En el último trimestre de 2018, en Europa, se registró un aumento de contagios y brotes en el Norte de Francia, registrándose así a principios de 2019 positivos en el resto de Francia, Bélgica, Alemania, Irlanda, Holanda, Dinamarca, Suecia y Reino Unido.

En España se han detectado también un aumento de casos positivos confirmados por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete en los primeros meses de 2019, pertenecientes al subtipo H3N8.

¿Qué se debe hacer ante un caso de sospecha de influenza equina?

Si se tiene la sospecha de que un ejemplar puede presentar dicha enfermedad, el propietario del mismo u cualquier persona que esté al corriente de esto, está en la obligación de notificar en el menor tiempo posible a los Servicios Veterinarios de la Comunidad Autónoma a la que pertenezca.

Las autoridades, por su parte, deberán:

  • Realizar examen clínico del ejemplar que presente síntomas o sospecha, así como a todos los animales de la explotación.
  • En caso de considerarse necesarios, realizar una toma de muestras oficial que serán remitidas al Laboratorio designado por la Comunidad Autónoma o al Laboratorio Nacional de Referencia (Laboratorio Central de Veterinaria Algete), donde serán analizadas.
  • Tratar de aislar a los animales en la medida de lo posible, tanto a los que muestren síntomas como a los que no.
  • Extremar las medidas de limpieza y desinfección.

¿Qué hacer ante un positivo en influenza equina?

Si se trata de un positivo en influenza equina, el protocolo de actuación que se debe llevar a cabo es el siguiente:

  • Mantener en aislamiento durante al menos 7 días a los animales que presenten síntomas febriles, así como evitar en la medida de los posible el movimiento de los mismos.
  • En función de las características de la explotación ganadera, se recomienda la vacunación de todos los animales.
  • También es recomendable investigar a todas aquellas explotaciones animales que hayan tenido contacto directo o indirecto con la explotación afectada.

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